Yanina Burns •

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Aprender a meditar en India: mi experiencia real en un ashram en Rishikesh

Mi experiencia aprendiendo a meditar en un ashram en Rishikesh

Rishikesh, conocida como la capital mundial del yoga, es uno de los destinos más elegidos para quienes quieren aprender a meditar en India. 

En este artículo te cuento cómo fue mi experiencia real aprendiendo a meditar en Rishikesh con un swami, qué me encontré al llegar y cómo fue ese primer contacto con una práctica que, sin saberlo, iba a cambiar muchas cosas en mí.

Tabla de contenidos

⚡️ Resumen rápido

📍 Lugar: Rishikesh, India

🧘 Tipo de experiencia: meditación en un ashram con un swami

🛏️ Dónde me hospedé: Aloha on the Ganges

✈️ Aeropuerto más cercano: Dehradun

🚕 Cómo llegar: taxi desde Dehradun a Rishikesh

💭 Ideal para: personas interesadas en yoga, meditación y viajes introspectivos

⚠️ Importante: no fue una experiencia “perfecta” ni romántica, sino profundamente transformadora

Antes de aprender a meditar en India

La primera vez que viajé a India, en 2016, todavía no tenía un vínculo consciente con la espiritualidad. No hacía yoga, no meditaba, ni buscaba nada en particular, simplemente conocer un país con una cultura distinta. Sin embargo, algo de ese país me quedó grabado. En medio del caos, del ruido y del desorden, me llamaba profundamente la atención ver cómo la gente sostenía su fe y sus prácticas espirituales como parte de la vida cotidiana.

Con el tiempo, ya de vuelta en casa, empecé a hacer yoga cerca de donde vivía. Al principio fue algo físico, una forma de mover el cuerpo. Pero práctica tras práctica, empecé a notar la calma que me quedaba al final de cada clase, una sensación de mayor claridad y quietud por dentro. Esa sensación fue la que me llevó a practicar con mayor regularidad y a interesarme cada vez más por el yoga.

Durante la pandemia, ese interés se profundizó. Empecé a meditar con meditaciones guiadas, a leer libros y a probar distintas prácticas. Sin darme cuenta, el yoga y la meditación empezaron a ocupar un lugar más importante en mi día a día. Ya no era solo curiosidad: era una necesidad.

En ese contexto, y teniendo en cuenta cuánto me gusta viajar, surgió la idea de volver a India, esta vez con una intención más clara: aprender yoga. Viajé junto a mi novio, sin planificar mucho, pensando que ese sería el cierre perfecto de un largo viaje por Asia. Pero, como suele pasar, en el camino apareció algo distinto. Algo que no estaba buscando y que terminó siendo más importante de lo que imaginaba: la meditación.

La llegada a Rishikesh y el primer encuentro con Swami

Después de recorrer algunos lugares típicos de India (y del Sudeste Asiático), llegamos a Rishikesh, una ciudad rodeada de montañas, atravesada por el sagrado río Ganges y conocida por sus numerosas escuelas de yoga.

Habíamos reservado alojamiento en un lugar llamado Aloha on the Ganges, a través de Airbnb. Pensábamos que sería simplemente un departamento con vista al río. No imaginábamos que, en realidad, se trataba de un ashram, ni que quien nos recibiría sería un swami, un monje hinduista.

Volamos desde Varanasi hasta Dehradun, el aeropuerto más cercano, y desde allí, tomamos un taxi hasta el complejo. Llegamos de noche. Un muchacho salió a recibirnos y nos guió por el interior del lugar. Subimos escaleras, atravesamos algunos pasillos y, casi sin darnos cuenta, empezamos a ver en las paredes pinturas de Krishna y distintas escenas espirituales.

Cuando Swami abrió la puerta, nos quedamos sorprendidos. No podíamos creer que íbamos a hospedarnos en la casa de un monje hinduista. Envuelto en su túnica azafranada, nos invitó a pasar y nos contó que era profesor de meditación. En ese entonces, me impactó profundamente. Hacía poco había leído Autobiografía de un yogui, donde su autor, Paramahansa Yogananda, relataba su vida junto a su maestro Yukteswar, y me resultaba difícil creer que, sin buscarlo, hubiera llegado a la casa de alguien que podría enseñarme a meditar.

Por supuesto, le dijimos que queríamos aprender. Pero como estábamos algo enfermos, con resfrío y tos, nos sugirió descansar unos días antes de comenzar.

Nuestra habitación era sencilla y limpia, con una vista directa al Ganges. Desde la ventana se veía el río extendiéndose en toda su pureza: las montañas al fondo, las piedras blancas en la orilla y ese tono turquesa del agua que jamás imaginarías si solo conocieras el Ganges de Varanasi.

Esa noche nos dormimos con el sonido del río de fondo. No lo sabíamos entonces, pero frente a ese paisaje aprenderíamos a meditar por primera vez.

✈️ 🇮🇳 Si estás pensando en ir a Rishikesh..

La forma mas simple es volar desde cualquier parte de India a Dehradun, que es el aeropuerto mas cercano, y de ahí tomar un taxi hasta Rishikesh.

El trayecto dura aproximadamente unos 40 minutos.

Si querés contratar este traslado, te recomiendo que lo hagas a través de 12Go.

El lugar donde estábamos era Aloha on The Ganges, en la zona de Tapovan, en Rishikesh, a orillas del Ganges. Nuestra experiencia allí bastante atípica, pero si queres ver cómo es o buscar alojamiento en ese complejo, podes hacerlo acá.

🎥 Así se veía Rishikesh en esos días

Además de escribir sobre esta experiencia, también grabé algunos videos recorriendo las zonas céntricas de Rishikesh, Tapovan y las orillas del Ganges.

Si te interesa ver un poco más del ambiente de Rishikesh, te recomiendo estos videos.

👉 Caminando por el Ganges

👉 Recorriendo Tapovan

Mi desafiante primera meditación en Rishikesh

El calor era tan intenso que, entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde prácticamente no se podía circular por la calle. No era el clima ideal para comenzar un curso de hatha o ashtanga yoga. Así que, si por esas casualidades todo se estaba dando para que meditáramos, cayendo justo en la casa de Swami, decidimos dejarnos llevar..

La primera práctica fue al amanecer, a las cinco de la mañana, frente al Ganges, en el balcón de nuestra habitación. Todavía estaba oscuro y el río corría en silencio. Swami tocaba la flauta y nosotros, con los ojos cerrados, debíamos generar una vibración interna desde el plexo solar. El sonido tenía que surgir desde adentro, para sentir la vibración de los chakras. Era una práctica de Nada Yoga.

Debo ser sincera: para mí, que nunca me destaqué por el canto, fue un verdadero desafío. Sentía vergüenza, incomodidad y hasta ganas de irme. Mi mente buscaba excusas para escapar de ese momento. Para mi suerte, ésta práctica era solo una introducción, ya que esta vibración formaría parte de una meditación profunda que nos enseñaría al otro día.

Con el tiempo y la práctica, fui sintiendo más cómoda al practicar la vibración interna.  Hoy lo hago con total naturalidad, sin rastro de vergüenza. 

La rutina en el ashram

 

Al día siguiente, las meditaciones se trasladaron a una sala–recibidor dentro del departamento. Seguíamos una secuencia de pasos que Swami nos iba recordando a lo largo de la práctica, mientras que, de fondo, sonaba una envolvente tanpura, que hacía que la meditación fluyera mucho mejor.

Para ese entonces, la postura de meditación me resultaba muy desafiante. Me dolía la espalda, se me dormían las piernas, se me acalambraba un pie o se me daba vuelta todo. Con el tiempo, y gracias a la práctica sostenida, esos malestares comenzaron a desaparecer de manera paulatina, incluso varios meses después de haber regresado a casa.

La meditación que nos enseñó Swami me resultaba mucho más llevadera que la Meditación Vipassana que habíamos practicado ese mismo año en el Templo Doi Suthep, en Chiang Mai, en Tailandia. Podés leer la experiencia completa por acá.

Las enseñanzas del Swami eran en inglés y, aunque nuestro nivel no era el mejor, con la ayuda del traductor logramos comprender —o al menos eso creemos, jaja— gran parte de lo que nos transmitía.

Después de cada meditación, conversábamos sobre la experiencia vivida y nos daba ciertos ejercicios para poder percibir mejor nuestra energía. Hablábamos de los chakras, de los planos sutiles del alma y de esas preguntas universales que todos nos hacemos alguna vez: quiénes somos, qué hacemos acá, qué pasa cuando morimos.

Luego de la meditación matutina, salíamos junto a mi novio a desayunar por la zona y regresábamos al alojamiento para refugiarnos del calor desgarrador de pleno junio en Rishikesh. Algunas tardes meditábamos nuevamente y, al caer el sol, caminábamos por el Ganges y cenábamos en el centro de Tapovan.

Al anochecer, cuando volvíamos al alojamientos, solíamos tener alguna que otra conversación con el swami.

Cada día se sentía como una mezcla entre retiro, escuela, viaje turístico y viaje interior. No voy a mentir: levantarme antes del amanecer para meditar me resultaba durísimo. Tenía calor, sueño, fastidio e incomodidad, y muchas veces me preguntaba por qué no había elegido un destino más fresco y disfrutable.

Pero gracias a la incomodidad que atravesé aquellos días, hoy puedo sostener una práctica de meditación constante que me aporta muchos beneficios.

🧘‍♂️ Si te interesa este tipo de experiencias introspectivas, también hice un Retiro de Meditación Vipassana en un templo en Tailandia. Fue una experiencia completamente distinta, pero igualmente transformadora. 

Leer mi experiencia Vipassana en Tailandia.

El trabajo interno emocional diario

 

Entre las once de la mañana y las cuatro de la tarde realizábamos un ejercicio especialmente intenso. Consistía en escribir recuerdos o situaciones que aún cargábamos emocionalmente: miedos, culpas, resentimientos o pérdidas. La propuesta era simple, pero profunda: ponerlo en palabras para empezar a liberar la energía que había quedado atrapada en esos sucesos.

Esas tardes fueron muy productivas internamente. En ese momento, no era del todo consciente del enorme trabajo interior que estaba haciendo, ni de la limpieza emocional que se estaba gestando en silencio.

El viaje al norte de India

 

Después de unos quince días de práctica, decidimos viajar hacia el norte de India. Queríamos conocer Dharamsala, Dharamkot, Jibbi y Banjar. El swami se sumó al recorrido a último momento.

No fue un viaje fácil ni idílico. Fue intenso, desafiante y, a su manera, profundamente revelador. Compartir tantos días, horas y espacios con personas de ritmos, necesidades y formas de estar muy distintas me llevó a enfrentarme con mis propios límites.

Con el tiempo entendí que ese recorrido no venía a ser placentero, sino formativo. La práctica de la meditación ya había empezado a abrir puertas internas, y el camino comenzó a mostrarme, sin demasiados filtros, todo aquello que aún necesitaba trabajar.

Hoy, aun sabiendo que los caminos no siempre se recorren como uno imagina, puedo reconocer lo aprendido y agradecerlo, incluso desde la distancia.

Lo que me dejó India

 

Siento que este viaje a India, en el que comencé a meditar de una manera más profunda y sostenida, marcó un antes y un después en mi vida. Fueron días de práctica intensa, de aprendizaje sobre la energía, el alma, los distintos planos, las vidas. Días en los que pude hacerme preguntas y, sobre todo, escuchar algún tipo de respuestas. Y también aceptar que, con el tiempo, siempre surgen nuevas dudas.

Ese proceso no fue solo espiritual. Hubo un trabajo interno muy concreto: escribir, mirar de frente aquello que había dolido, nombrarlo. Ese ejercicio me permitió ver cosas que antes pasaban inadvertidas. Con el tiempo se volvió un hábito que sigo practicando y adaptando a distintas etapas de la vida.

Comprendí también que este tipo de viajes no siempre son cómodos. A veces incomodan, remueven, confrontan. Pero justamente por eso pueden ser profundamente transformadores.

Hoy deseo que cada persona pueda encontrar su propia forma de meditar, en cualquier parte del mundo. No es necesario ir a ningún lugar. Al principio puede resultar incómodo, incluso frustrante, pero vale la pena sostenerlo más allá de esa incomodidad. La meditación se acumula con el tiempo, como las horas de vuelo: sus frutos empiezan a sentirse cuando esas horas se van sumando. Y entonces, casi sin darse cuenta, algo adentro empieza a cambiar.

🪷 Al año siguiente, volví a India…

… esta vez para hacer un curso de yoga en Goa y seguir profundizando todo que había empezado en Rishikesh. 

Leer la experiencia completa

Gracias por tu visita  ✨

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