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Una de las experiencias mas transformadoras de mi vida fue completar un curso de yoga en India: un Yoga Teacher Training de 200 horas en español.
En este oportunidad, quiero contarte cómo fue mi experiencia, desde los preparativos antes de viajar hasta el día de la graduación, y compartirte todo lo que me hubiera gustado saber antes de hacer un curso de yoga en India.
Como ya practicábamos yoga hacía un tiempo, aprovechamos nuestro viaje a India para hacer un Yoga Teacher Training de 200 horas. Uno de nuestros requisitos era que el curso fuera impartido en español.
Comenzamos a investigar y a contactar a distintas escuelas de yoga en India, pero descubrimos que había muy pocas que ofrecieran este tipo de formación en nuestro idioma. La buena noticia es que en la mayoría de los casos, estos cursos incluyen el alojamiento y todas la comidas durante la estadía, por lo que solo debíamos encontrar el lugar que mejor se adaptara a lo que buscábamos.
Después de investigar un poco, estas fueron las opciones que más nos convencieron:
Tras comparar todas las alternativas, finalmente nos decidimos por Sampoorna Yoga, en Goa.
El año anterior ya habíamos visitado Rishikesh y, aunque nos encantó la ciudad, nos apetecía vivir la experiencia en un lugar completamente diferente. Además, Khajuraho no terminaba de convencernos como destino para pasar varias semanas.
Si bien el precio era algo más elevado que el de otras escuelas, sentimos que valía la pena. El curso era íntegramente en español, las instalaciones se veían excelentes, la ubicación junto al mar nos encantó y las opiniones de antiguos alumnos eran muy buenas.
Así que, sin pensarlo demasiado, reservamos nuestro lugar y comenzamos a organizar una de las experiencias más enriquecedoras que hemos vivido.
Para llegar a Goa, donde se encontraba este centro de yoga en India, primero volamos al Aeropuerto de Mumbai y, unos días después, tomamos un vuelo doméstico hasta el Aeropuerto de Goa (GOI).
y aprovechamos para recorrer un poco Goa, que es bastante grande y tiene muchas zonas para visitar (como el barrio de Fontainhas, la zona de Old Goa, Cola Beach, la playa de Palolem).
Moverse en Goa es bastante sencillo:
🚕 Si preferís no organizar el traslado por tu cuenta, el propio centro de yoga puede ayudarte a coordinar el transporte desde el aeropuerto.
📌🏖️ Si tenés algunos días libres por Goa, te recomiendo que visites el barrio de Fontainhas, la zona de Old Goa, Cola Beach y la playa de Palolem al atardecer.
Una vez que reservamos nuestro lugar, el centro de yoga nos dio acceso a una plataforma online con todo el material previo al inicio del curso. Allí podíamos consultar el manual completo, acceder a videos de anatomía y practicar distintas clases de yoga, como Ashtanga Vinyasa, Vinyasa Flow y Yin Yoga.
Además, también nos enviaron toda la información necesaria para preparar el viaje: los requisitos para ingresar a India, recomendaciones útiles y distintas indicaciones para llegar listos al primer día de clases.
El Yoga Teacher Training era una formación muy intensiva, con una duración de casi un mes. Las clases se desarrollaban de lunes a sábado, mientras que los domingos eran el único día de descanso.
Cada día comenzaba temprano a las 6 a.m. y terminábamos con las actividades a las 18 p.m.
Estaba compuesta por dos prácticas diarias de yoga, una sesión de meditación y pranayama, además de varias horas dedicadas al estudio de anatomía, filosofía y otras materias relacionadas con la formación como profesor de yoga.
Las jornadas eran largas y exigentes, ya que pasábamos prácticamente todo el día entre prácticas, teoría y actividades del curso. Al finalizar el mes, comprendimos por qué esta formación es tan transformadora.
Uno de los aspectos que más nos gustó fue que gran parte de las clases se impartían directamente en español. En aquellas asignaturas dictadas por profesores que hablaban inglés, como filosofía, contábamos con un traductor que se encargaba de traducir tanto las explicaciones del profesor como nuestras preguntas durante la clase.
Al llegar a Sampoorna Yoga, completamos algunos formularios y nos entregaron un pequeño kit de bienvenida que incluía dos remeras con el logo de la escuela, el manual impreso, un jala neti y una botella reutilizable para el agua.
Después nos acompañaron hasta nuestra habitación. El alojamiento se dividía en dos sectores: las cabañas Sampoorna y las casitas Anaya. Además, era posible elegir entre habitaciones individuales, dobles o compartidas con hasta cuatro alumnos, siendo estas últimas las opciones más económicas.
Nosotros nos hospedamos en una cabaña Sampoorna doble. La habitación era sencilla, pero muy cómoda, y contaba con todo lo necesario para pasar casi un mes allí: una cama doble (en realidad eran dos camas individuales unidas), mosquitero, mesas de luz, un armario amplio con perchas, varios estantes, escritorio, ventilador y aire acondicionado.
El baño era privado en nuestro caso. Sin ser lujoso, estaba muy bien mantenido y resultó completamente funcional. La ducha tenía muy buena presión y siempre disponía de agua caliente, algo que agradecimos mucho después de las largas jornadas de práctica.
Durante toda la estadía nos proporcionaban sábanas, toallas, papel higiénico y agua filtrada para beber. Además, la señal de wifi llegaba sin problemas hasta nuestra cabaña y el servicio de limpieza pasaba dos veces por semana, generalmente los martes y viernes.
Como si fuera poco, el centro también contaba con una piscina bastante grande, perfecta para refrescarse entre las clases o al terminar el día, especialmente durante los meses más calurosos.
La estadía allí durante casi un mes fue muy agradable. El centro estaba rodeado de naturaleza y era común escuchar el canto de los pájaros o cruzarse con monos, mariposas y animalitos al salir de la habitación. Había muchísimo verde y se sentía tranquilo.
La habitación nos resultó muy cómoda y todo funcionaba muy bien. Estaba ubicada en la parte más alta del centro, por lo que todos los días teníamos que subir una pendiente importante para llegar a las clases. Lejos de ser una molestia, terminamos disfrutando ese pequeño paseo diario entre la naturaleza.
Uno de los aspectos que más nos sorprendió del curso fue la comida. El programa incluía desayuno, almuerzo y cenatodos los días, con excepción de la cena del sábado y el almuerzo del domingo, momentos que aprovechábamos para salir a comer por Goa.
Todas las comidas se servían en el comedor del centro bajo la modalidad self-service. El menú era completamente vegetariano, muy saludable y con bastante variedad. Además, siempre había alternativas sin gluten y sin lactosa para quienes las necesitaran.
Aunque la base del desayuno era prácticamente la misma todos los días, había muchas opciones para elegir. Nunca faltaban frutas frescas, como papaya, ananá y sandía, además de yogur, porridge, muesli, tostadas y alguna preparación típica de la India que iba cambiando.
Los fines de semana el desayuno era todavía mejor, porque preparaban unos panqueques que eran realmente deliciosos.
Los almuerzos tenían un estilo un poco más occidental. Era común encontrar falafel, sándwiches, hummus, ensaladas y distintas preparaciones con verduras, por lo que resultaban bastante familiares incluso para quienes no estaban acostumbrados a la comida india.
Las cenas, en cambio, eran mucho más tradicionales. Solían servir distintos tipos de dal, biryani, pulao, verduras salteadas, alguna sopa del día y chapatis recién hechos. Casi siempre había un postre y, curiosamente, cuanto más se acercaba el final del curso, más ricos nos parecían.
El desayuno se servía a las 9:00, el almuerzo a las 13:00 y la cena a las 19:00.
Además de las comidas principales, durante la jornada nos ofrecían un pequeño tentempié a media mañana y otro por la tarde. Generalmente consistían en un té de hierbas o chai acompañado de galletitas y trozos de banana, algo que venía muy bien para recuperar energías entre tantas horas de práctica y estudio.
Si me preguntan por la comida, puedo decir sin dudas que comimos muy bien durante todo el curso. La variedad, la calidad de los ingredientes y el hecho de que todo fuera vegetariano hicieron que fuera una parte de la experiencia que también disfrutamos muchísimo.
La noche anterior a comenzar el primer día del curso, se llevó a cabo una breve reunión de bienvenida con los profesores y el resto de los alumnos, que nos fueron explicando cómo se desarrollaría el curso y contarnos algunos aspectos importantes de la convivencia durante las próximas semanas.
A la mañana siguiente, a las 6.30 hs. se llevó a cabo la Ceremonia del Fuego (Agni Hotra), ritual tradicional hindú con el que se da inicio al curso y se busca atraer un comienzo auspicioso para esta nueva etapa.
Durante la ceremonia se realizaban ofrendas al fuego con hierbas aromáticas, ghee y cereales, mientras los maestros recitaban mantras y oraciones.
Para participar era necesario vestirse de blanco. Al llegar, nos colocaban un collar de flores frescas, una pulsera de hilo sagrado y nos pintaban un bindi en la frente, a la altura del tercer ojo.
Durante casi un mes seguimos una rutina bastante intensa. El día comenzaba a las 6 de la mañana con una práctica de yoga, que alternaba entre Ashtanga Vinyasa y Vinyasa Flow, mientras amanecía sobre la selva de Goa.
Al terminar, teníamos una clase de pranayama y meditación. Recién después de esa práctica, alrededor de las 9 de la mañana, llegaba el momento del desayuno.
Tras un breve descanso, a las 10 hs comenzaban las clases teóricas. Entre las materias que cursábamos se encontraban Anatomía del Yoga, Filosofía del Yoga, Técnicas de Enseñanza y Alineación y Ajustes. Las clases se extendían hasta las 13 hs, momento en el que almorzábamos.
Después del almuerzo teníamos unas horas libres. Muchas veces aprovechábamos ese tiempo para descansar, estudiar o preparar las tareas que nos iban dejando durante la formación.
A las 16 hs retomábamos las clases teóricas y, una hora más tarde, llegaba la segunda práctica de yoga del día.
Algunos días, además, a las 18 hs se realizaba un taller de posturas, donde podíamos consultar dudas sobre distintas asanas, practicar ajustes o profundizar en aquellas posiciones que nos resultaban más desafiantes.
La cena se servía a las 19 hs y, dos veces por semana, el día terminaba con un Satsang.
El Satsang era una charla muy distendida junto al profesor de filosofía. En ocasiones conversábamos sobre distintos temas relacionados con el yoga y la vida; en otras, realizábamos alguna meditación o ejercicio grupal. Aunque muchas veces llegaba a ese horario completamente agotada, con el tiempo entendí que esos encuentros terminaron siendo una de las partes más enriquecedoras de toda la formación.
Los fines de semana el ritmo cambiaba un poco. Los sábados por la mañana manteníamos la práctica de yoga, pranayama y meditación y, después del desayuno, solía haber algún taller especial hasta el mediodía. El sábado por la tarde y todo el domingo eran libres, y lo aprovechábamos para estudiar, salir a comer por Agonda o pasear por la playa de Palolem.
Durante la formación practicábamos principalmente Ashtanga Vinyasa, Vinyasa Flow, Yin Yoga, además de las clases diarias de pranayama y meditación.
En Ashtanga aprendimos la Primera Serie de K. Pattabhi Jois, aunque en una versión abreviada. Si bien en el material online se enseñaba la secuencia completa, durante el curso practicábamos una adaptación más corta.
Las primeras clases eran completamente guiadas para que todos pudiéramos aprender la secuencia, especialmente quienes nunca habían practicado Ashtanga. Con el paso de los días comenzamos a trabajar bajo el estilo Mysore, donde cada alumno realiza la serie respetando el ritmo de su propia respiración, mientras los profesores recorren la sala realizando ajustes y corrigiendo la técnica cuando es necesario.
Las clases de Vinyasa Flow eran mucho más dinámicas y variadas. Cada práctica estaba diseñada alrededor de un objetivo diferente; algunas buscaban trabajar un chakra en particular y otras se enfocaban en determinadas familias de posturas.
A lo largo del curso también tuvimos algunas clases especiales, como Kundalini Yoga y yoga en parejas, que aportaban variedad a la rutina.
Durante toda la formación realizamos dos clases de Yin Yoga. Después de tantos días de práctica intensa, fueron un verdadero alivio para relajar el cuerpo y recuperar un poco de energía.
Las clases comenzaban con distintos ejercicios de respiración y finalizaban con una práctica de meditación. En total duraban unos 45 minutos y, personalmente, fueron una de las partes que más disfruté del curso.
Todas las prácticas se realizaban en una shala ubicada en lo alto de una colina, rodeada de vegetación. Mientras practicábamos era habitual escuchar pájaros, ver familias de monos moviéndose entre los árboles o incluso alguna libélula atravesando la sala. Además, desde allí había unas vistas preciosas al mar y unos atardeceres increíbles, que hacían que cada práctica se sintiera todavía más especial.
Al finalizar la tercera semana del curso llegó el momento del examen final, una instancia que, aunque imponía un poco de respeto, terminó siendo mucho más llevadera de lo que imaginábamos. La evaluación estaba dividida en tres partes.
La primera consistía en impartir una clase de Vinyasa Flow de aproximadamente 20 minutos (sin incluir savasana) al resto de nuestros compañeros.
A lo largo del curso fuimos preparando esa clase y, antes del examen, la profesora revisó individualmente la propuesta de cada alumno, haciendo correcciones y sugerencias para que llegáramos con mayor confianza al día de la evaluación.
La segunda parte del examen estaba relacionada con la Primera Serie de Ashtanga Vinyasa de K. Pattabhi Jois.
Cada alumno debía sacar un papel al azar de una caja. En él figuraba el nombre, en sánscrito, de una de las posturas de la serie. Luego había que elegir a un compañero para que realizara esa asana, explicar cómo ejecutarla correctamente, realizar los ajustes necesarios y responder algunas preguntas orales del profesor.
La última parte era un examen teórico que abarcaba todas las materias vistas durante la formación.
Desde el primer día los profesores nos repetían que era un examen sencillo, aunque aclaraban que había que estudiar. En mi caso, quizás me confié un poco y terminé descubriendo que era bastante más desafiante de lo que esperaba.
Consistía en un multiple choice de aproximadamente 30 preguntas, con temas de anatomía, filosofía, metodología y el resto de las asignaturas del curso. Algunas preguntas eran bastante simples, mientras que otras requerían pensar un poco más.
Por suerte, todos logramos aprobar y finalizar la formación con éxito.
Luego de rendir el último examen, llegó el momento de despedirnos del curso.
Para cerrar la formación, volvimos a participar de la Ceremonia del Fuego, el mismo ritual con el que habíamos dado comienzo a esta experiencia casi un mes atrás. Me pareció un detalle muy lindo que el curso comenzara y terminara de la misma manera, como una forma simbólica de cerrar ese ciclo.
Al igual que el primer día, nos entregaron un collar de flores frescas, una pulsera de hilo sagrado y nos pintaron el bindi en la frente. Después de la ceremonia se realizó la graduación, donde recibimos nuestros diplomas y compartimos una pequeña merienda junto a los profesores y el resto de los compañeros.
Una vez finalizada la ceremonia, nos entregaron el certificado de Yoga Teacher Training de 200 horas, reconocido por Yoga Alliance USA, con el que, si así lo deseas, puedes registrarte como profesor y enseñar yoga en distintas partes del mundo.
Para terminar la jornada, caminamos todos juntos hasta la playa para ver el atardecer. Después de tantas semanas de práctica, estudio y disciplina, fue un momento muy emotivo y una hermosa manera de ponerle punto final a toda la experiencia.
El check-out estaba previsto para la mañana siguiente. Sin embargo, muchos alumnos, nosotros incluidos, decidimos quedarse uno o dos días más para descansar, disfrutar de Goa con más calma y procesar todo lo vivido durante aquellas semanas.
Estoy escribiendo esta reflexión seis meses después de haber terminado este curso de yoga en India. Ahora que ya pasó el tiempo y puedo mirar la experiencia con otra perspectiva, puedo decir que fue una de las mejores decisiones que tomé en los últimos años.
Más allá de haber obtenido un certificado como profesora de yoga, siento que esta formación me transformó en muchos aspectos. Me ayudó a ser mucho más consciente de mi cuerpo, de mi respiración, de mi energía, de mis pensamientos, de mis emociones y también de mis propios valores.
No es que, de un día para el otro, me haya convertido en un monje zen ni mucho menos. Pero sí puedo decir que este curso fue el empujoncito que necesitaba para comprometerme de verdad con mi práctica y comenzar a incorporar el yoga como un hábito, tanto dentro como fuera del mat.
Hubo momentos en los que el curso se me hizo realmente exigente. El cansancio físico, las emociones que iban apareciendo y la intensidad de las jornadas hicieron que no siempre fuera fácil. Sin embargo, mirando hacia atrás, siento que crecí muchísimo gracias a todo lo que viví durante ese mes.
También me llevo el recuerdo de personas increíbles con las que compartí charlas, aprendizajes y momentos muy especiales. Disfruté de practicar yoga todos los días, de alimentarme de forma saludable, de convivir con personas de distintos países y de tener la oportunidad de conocer un poco más la cultura india desde adentro.
Pero, por sobre todas las cosas, este curso cambió mi forma de entender el yoga. Dejé de verlo únicamente como una práctica física para descubrir que detrás de cada postura hay una filosofía, una forma de observarse a uno mismo y una herramienta para vivir con más presencia y consciencia.
Y quizás esa sea la parte más difícil de explicar. Hay experiencias que son muy complicadas de transmitir con palabras, y esta es una de ellas.
Si alguna vez sentís el deseo de hacer un Yoga Teacher Training en India, mi consejo es que te animes. No importa si después decidís enseñar yoga o no. Creo que es una experiencia que difícilmente deje a alguien igual que antes de vivirla.
Después de haber vivido esta experiencia, hay algunas recomendaciones que creo que pueden ayudarte si estás pensando en hacer un curso similar.
El curso está pensado para personas con distintos niveles de experiencia. Sin embargo, si ya llevas un tiempo practicando yoga y meditación, probablemente te resulte más sencillo adaptarte al ritmo de la formación.
Durante el curso vas a transpirar muchísimo (especialmente si viajas en los meses más calurosos). Mi recomendación es llevar ropa cómoda y suficiente como para hacer dos o incluso tres cambios por día.
Aunque muchos centros disponen de mats para los alumnos, creo que practicar con la tuya hace que te sientas mucho más cómodo, especialmente durante un curso tan intenso.
Con tantas horas de práctica es normal que aparezcan molestias musculares o alguna contractura. Puedes llevar alguna crema antiinflamatoria desde tu país o comprar allí un bálsamo de tigre o la crema Rumalaya (Himalaya), que a nosotros nos funcionaron muy bien.
Los mosquitos pueden ser bastante insistentes, sobre todo durante el savasana o en los momentos de meditación. Lleva un buen repelente o compra uno de citronela cuando llegues a India.
Si vas a aprovechar el viaje para recorrer India antes o después del curso, te recomiendo comprar una SIM local. Son muy económicas y te permitirán tener internet prácticamente en todo momento, además de realizar llamadas locales si las necesitas.
El curso demanda muchísimo tiempo y energía. Si puedes, intenta dejar resueltos los asuntos laborales o personales antes de viajar para dedicarte plenamente a la experiencia.
Más allá de las posturas, un Yoga Teacher Training es una experiencia intensa. Vas a practicar muchas horas al día, estudiar bastante y también atravesar momentos de mucho aprendizaje personal. Ir con una actitud abierta y dispuesto a salir de la zona de confort hace una gran diferencia.
Si tu único objetivo es obtener un diploma para enseñar yoga, probablemente también aprendas mucho. Pero si además vas con ganas de crecer, conocerte un poco más y vivir la experiencia con la mente abierta, creo que el curso puede regalarte muchísimo más de lo que imaginabas.
Escribir este artículo también fue una forma de volver a vivir esta experiencia. Espero que, si estás pensando en hacer un curso de yoga en India, toda esta información te sirva para organizarte y viajar con un poquito más de tranquilidad.
Si te quedó cualquier duda, escribime en los comentarios. Me encanta leerlos y, siempre que puedo, responder desde mi propia experiencia.
Que tengas un hermoso viaje!
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“La vida es un viaje hacia el interior.” — Krishnamurti













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